martes, 2 de marzo de 2010

Saltar o No Saltar... Esa es La Cuestión.

Para los que leen esto y no me conocen muy bien, una pequeña introducción: además de agarrar letras y tirarlas en los papeles, desde chiquita practico patín artístico, un deporte de velocidad y destreza, de riesgo y precisión, de glamour y estricta técnica.
A continuación, este video les muestra una de las mejores patinadoras del mundo, en su programa largo del mundial 2008, en donde se llevó la medalla dorada.



Impresionante, ¿verdad?. Y parece que todo lo hace tan fácil, tan natural. Pero, aquí va el secreto, detrás de cada uno de los ítms que ella realiza, incluso detrás de su simple deslizar hacia delante, se esconden (y saludan) horas de entrenamiento, litros de transpiración, miles de enojos, kilómetros de piel moretoneada… OK, estoy exagerando. Mejor corto acá y vamos a lo que nos interesa.

Uno de los elementos principales del patín artístico son los saltos, momentos en los que de diversas maneras uno se despega del suelo para dar uno, dos, tres o hasta cuatro giros sobre el propio eje longitudinal, y luego terminar cayendo sobre un solo pie (la derecha) en perfecto estado de equilibrio. Bueno, lo de perfecto, claramente, es relativo.

Un salto tiene cuatro partes básicas: la preparación, el impulso, el tiempo en el aire y la retoma de contacto con el suelo. Las tres últimas duran, sumadas menos de dos segundos, mientras que la primera puede ir entre dos a cinco segundos.

Ahora los invito a imaginar a una persona en una práctica, sin maquillaje ni vestuario bonito, con ropa para romper y peinado despeinado. El/la técnico/a de esta patinadora le da un par de indicaciones y correcciones y la manda a practicar un determinado salto… supongamos: el axel. Simple o doble, como prefieran. O también triple, pa los corajudos. (Uf, ya puedo oír los suspiros de varios patinadores leyendo esto).

El Axel tiene un tiempo de preparación donde te dejás llevar por los patines hacia atrás, en un solo pie (como una paloma, pero baja). Después de ese tiempo, te das vuelta hacia delante, cambiás el pie y saltás. Es el momento de pensar, de acordarte todo lo que te dijeron, todo lo que tenés que hacer durante los próximos dos segundos donde la velocidad con la que todo ocurre no te deja analizar mucho… y menos modificar las macanas que te hayas mandado. Pero, sobre todo, en ese tiempo de preparación es en el que se toma la decisión. Saltar o no saltar, esa es la cuestión. No saltar es lo seguro, dar una vuelta más, o dos, o varias. Charlar con alguien, poner excusas. Porque saltar está lleno de riesgos. Pero al mismo tiempo sólo saltando encontrás la posibilidad de lograr algo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Contador

En agosto del año pasado, mientras intentaba sumergirme un poco más en los misterios de los bloggers, le puse a este blog un contador de visitas. Estaba orgullosa de mis descubrimientos. Recuerdo que lo inicié en 125. Hoy, algo como siete meses después, estamos a unos cincuenta visitantes de llegar a los mil.
La primera entrada fue publicada el 20 de enero del 2009. Poco más de un año atrás. Hablaba de los pies descalzos, de andar en patas por el mundo. El look era diferente, ya no me acuerdo cómo. Después vino la música que acompañaba a la poesía. Y hoy aprendí a poner un botón para suscripciones por mail. El progreso.
Apatapila no es un blog famoso. Es de los que se juntan en casas a hacer música que nadie escucha, y entre mates arreglan el mundo en un par de horas. Es un blog de los amigos y de las casualidades, que a veces conquista corazones y a veces va derecho a la papelera de reciclaje. Nunca va a ser un blog de números grandes y estadísticas poderosas, de los que atraen las publicidades, porque le gusta acurrucarse en las ideas que van y vienen (y eso no le interesa mucho a la caca-cola ni a mc dollars)
Como sea, en este año algunas de las cosas que habitaban mi corazón terminaron pintadas en este espacio, y ustedes las compartieron. Somos cómplices de una relación de secretos públicos, y brindo por eso... y por muchos compartires más. Gracias por ser parte de esta vida.

sábado, 13 de febrero de 2010

Bolivia

Viajar es como volar. Como volar en un colectivo común durante doce horas en la noche por una calle de tierra. Después de volar, siempre te duele todo. Y te bajás de tu pájaro transportador que te deja en algún (cualquier) lugar desconocido, donde no entendés nada más que las palabras si es tu mismo idioma. Los códigos están cambiados, igual que los cómos y los por qués. Como un ciego tratás de moverte entre las sombras, divisando apenas contornos y colores, pero sin comprender, ni lejos, las estructuras ni apreciar si quiera la belleza escencial.

(Como por un vidrio sucio, apenas te veo, Bolivia, te estimo, te calculo. En una mano amable que me indica una dirección, en un taxista conversador o una chola que me deja aprender su oficio. Gracias por tu bienvenida, y perdón si interrumpimos algo.)

de Durante algún estremecimiento, notás que ahora a vos mismo empiezan a crecerte unas alas y te convertís en pájaro de otros vuelos, llegás al cielo (a veces, claramente, sin despegar tus pies de la tierra) y en un abrazo de plumas fundís el corazón con las experiencias. Por supuesto, una parte de la fundición se queda aquí... pero lo mejor me lo llevo a casa, al extranjero, como antaño se fue en otras manos el oro.

lunes, 18 de enero de 2010

En el límite del sentir

¿Cuántas emociones puede contener un corazón
sin explotar?
¿Dónde cede el paredón,
dónde está el umbral de soportar?
Me muero de miedo de encontrarlo,
de llegar a mi límite de sentir
de explotar,
de ceder.
A mi corazón trato de estirarlo,
pa que entre más de mi vivir
mi andar
mi ser.

Y me muero de risa entre unos chistes malos
y lloro sin consuelo la muerte de la flor
y también la semilla que no me brotó...
Y pa cuidarme me alejo de los palos
pa alegrarme busco estar cerca del color
y pa andar esa senda que nadie caminó.

Puedo en un mate matar la mañana
y cambiar mil veces la yerba lavada
de una canción que viene con tonada
de viento jugando con la campana

O dormirme, o morirme
o volar, acariciando el lomo de quien sea que me lleve.
O quedarme, o encarnarme
o explotar, otra vez, y agradecer lo que me quede.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Monstruos


En la cama mirando el techo dejaba que sus pensamientos reventaran al chocar unos con otros, admirando las explosiones que a veces dan miedo; y las luces de colores que viajan al cielo y lo iluminan, pero lo cortan. Los brazos acalambrados por la posición incómoda que desde hace un tiempo no variaba, y los pies jugando al amor con el borde de su cara. Inventa sueños cada vez más grandes que suelen transformarse en monstruos y asustarla en las noches vacías. A veces logra domarlos, pero no mucho más puede hacer desde su posición horizontal.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Georgina


En esta ocasión quiero presentarles a un personaje que conocí la semana pasada: se llama Georgina Soria, tiene seis años y vive en Villa Albertina. Estuve buscando en Internet una foto de ella para mostrarles, pero no la encontré. De hecho, no es una mujer de esas que aparecen en Internet…


Mirada oscura que no combina con su claridad de niña,

Madurez que nos sorprende y se le reniega

En un capricho,

O en tomarme de la mano.


Georgina vive treinta kilómetros adentro desde el camino que separa a Jesús María de Deán Funes (al norte de Córdoba), y vive ahora también a un centímetro de mi pulmón, en una casita roja que late para ensancharse, para darle un lugar.



Dos trenzas esmeradas nos cortejan

Y le echa magia a su galope para que admiremos los inexpertos.

Piel y voz de norte,

Cosas de la suerte.


A veces su padre o algún vecino piola la llevan a visitar un pueblo cercano y casi puedo ver sus ojos negros absorbiendo las luces y los colores de “la ciudad”, y la traen de vuelta a la realidad donde la luz la dan las estrellas y la luna, y los autos no tienen ruedas, sino patas que hay que cuidar de las espinas.


Dos caballos para tres,

Ensillados con manos aún no hábiles pero sí tercas,

Caprichosas, que conocen del arte de sobrevivir,

Que se agrandan, que se achican.


Desde mi casa a la suya se puede ir en auto o en colectivo, aunque sé muy en lo profundo que vive a años luz de aquí. Ella guarda su celular en una cartera rosa y siento cómo intenta acercarse, pero hay algo en medio de nosotras, algo que se deshace entre sonrisas y miradas, y vuelve a aparecerse, duro como roca, en las palabras y valores.


Seis años para siete,

Tuvimos que repetirnos tan seguido como repetirle nuestros nombres

Tuvimos que creer al final,

Y rendirnos, y aceptar.


La última imagen que tengo de ella son unos besos soplados al aire sobre su caballo Overo, como diva bajando escaleras; y un partir apurado y majestuoso, sin querer irse, quedándose entre nosotros. Si un día la ves, si la cruzás en el camino y estás por irte y ella te llama y te invita a ver los corderos, las gallinas o unos pajaritos que ella misma atrapó, te recomiendo que corras a su corazón y lo abraces con todas tus fuerzas, y aprendas, y disfrutes, y te mueras de risa y pienses un poco, y crezcas con ella y por ella. Y decile de mi parte que pronto nos volveremos a ver.


martes, 27 de octubre de 2009

Villa albertina Multiracial

Angi: "uh, otra vez me quedo sin gas... habré traido plata? uf, si, menos mal". Guiño (del auto), sacar la mano por las dudas se haya roto, fuerza para doblar, estacionar. Bajarse, abrir la puertita de la nafta, destapar el pico del tanque de gas. Playero: Hola, flaca (¿!? confianzudo!), lo llenamos?. Angi: Sí, por favor.


Entonces empieza la aventura. El mate coloniza mis manos y se reparte como los chistes malos entre los presentes: cuatro alemanes y medio, tres argentinos y dos yanquis antiimperialistas (ya se que suena raro, pero existen). Intercambio gratuito de historias de vida, de esto que soy y lo que intento ser, de por qués y sueños, de ilusiones algunas rotas y otras impecables como las ollas que no participaron del cacerolazo del 2001.

Hoy el desafío es diferente: Hay que salir de la casa, presentarnos a los otros, preguntarles, compartir. Nos da miedo lo que pueda pasar. Nervios. Ansiedad. Esa cosa en la panza que te hace olvidar lo que tenés que decir que tan bien tenías preparado. El camino nos lleva sin dejarnos elegir, y golpear las manos y un discurso un poco de memoria y un poco natural que siembra vaya uno saber qué en personas que, seguro, no lo esperaban. Ni secretarios, ni traductores, cordobeces y alemanes nos convertimos en "cumpas", capaces de llevarnos de la mano en las oraciones difíciles y apoyarnos cuando necesitamos pensar para seguir.

Y al volver esa magia que me abraza tan fuerte y me convence con la tibieza de la peperina que no se va a acabar hasta contar todo lo vivido. La polenta llega justo cuando ya el cerebro no da más, y nos relaja con salsa de aguante y cariño que no se dice, por ser demasiado obvio. Un poco de música, dibujos mauricenses y guitarra, profundizando la confianza hasta que ya no importó que dos folkloreros de peña enseñarar a bailar chacarera a los extranjeros interesados.

El surtidor todavía marca $0,00, voy a buscar al playero para ver por qué anda mal.

Dormida la noche y un poco del día nos despierta la responsabilidad de alguno que madrugó. Desayunando mate al cielo las miradas se cruzan en frases inaudibles pero tan claras que comunican algo como "que bien me siento entre ustedes...". Un niño con cara de sol pregunta cosas en un idioma extranjero que todos entendemos en el corazón, y todo se hace sencillo, simple, feliz, y se resume en su rostro alegre.

Otra vez salir tratando de aprender de nuevo a hablar castellano, y encontranos con la tonada enredada y poco modulada de la tierra que se nos abría tan espontánteamente, aprender nombres e historias, recordar en los recuerdos de sus ojos que hay algo que todavía nos hace hermanos. Agroecología, agricultura del amor, ecología de lo humano, ver brotar el trabajo y las promesas de sus frutos.

Para completar la carga de combustible, chistes situacionales malos y malísimos que nos hacen doler la panza, Bohemian Rapsody a cinco voces, un adelanto del juicio final, un cumpleaños regalado de caramelos con fecha de vencimiento verificada, guitarras, juegos de cartas, rock and roll en las ruinas mientras esperamos el asado. Algunos que se van antes, abrazos de despedida que ya anhelan el reencuentro...

Todo mezclado, el alemán, el inglés, el castellano europeizado, el cordobés básico y el del campo, formando un solo idioma que solo nosotros entendíamos. Ya no soy tan yo, soy un poco de vos, de lo que me has contagiado, lo que me has enseñado.

Se enciende la luz del surtidor y empieza a hacer ruido. Carga completa. Pero la pantalla sigue marcando $0.00. "¿Qué pasa?", pregunto al encargado de la playa. "Este fin de semana es gratis".

Gracias chicos. Tanque lleno.



a patapila

a patapila es un blog de descarga, un cable a tierra de la vida que me ataca, que me invade con armas de risa y lágrimas. Un diario de viajante del mundo que derrocha poesía que nadie lee (o nadie escribe) y se escribe a sí mismo con olvidos y recuerdos, pasiones y broncas, inquietudes y certezas raras. Un espacio que comparto de las huellas descalzas que el tiempo deja, y que le dejo al tiempo.

YA ESTÁS ADENTRO, DEJÁ TU HUELLA...

Haciendo click en el título de cada texto podés hacer comentarios... Ya estás adentro, descalzate y dejá tu huella...


En el norte se dice "a pata pila"
para decir "descalzo".

andando a pata pila se saborea mejor el
mundo, se sienten hondo los dolores
y las tibiezas del camino...

Hay que aprender a caminar a pata
pila, para no tener miedo ni andar cuidando
de no pisar ninguna espinita. Hay que animarse y
disfrutarlo...


A pata pila como los niños , como
los aborígenes, como cuando nacimos.


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